por Beatriz Zamora
Nací el 11 de septiembre de 1844 en mi hermosa Cuba donde me dediqué al periodismo y publiqué mi primer poemario titulado La regeneración de Bayamo. A los 33 años encontré refugio político en Guatemala mientras luchaba por la independencia de mi patria. Trabajé como catedrático de literatura en la Facultad de Derecho y también como asistente en la Biblioteca Nacional y aquí me quedé enraizándome, aprendiendo a amar a este país con sabor a maíz y olor a incienso.
Fotografía de José Joaquín Palma publicada en el diario El Imparcial el 2 de agosto de 1961, con motivo del cincuentenario de su muerte. (Cortesía archivo histórico de CIRMA)
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Entre las horas apacibles que pasé escribiendo versos, se fue construyendo un homenaje a una patria que no era mía por definición, pero que la asumí como parte de una identidad ineludible: la hispanoamericana. Tras 19 años de vivir, trabajar y respirar en suelo guatemalteco, aprendí a verlo como veía a Cuba, con dolor por sentirlo herido, con fe por desear su libertad perenne.
Siempre creí que no es necesario haber nacido en un determinado territorio para llegar a sentirse parte de él. Todos venimos de la misma historia y nos hemos dirigido hacia la misma redención. Así, con esta convicción que parecía solamente mía, decidí participar en el certamen que se convocó en 1896 por el gobierno del entonces presidente José María Reina Barrios y en el que solamente podían participar guatemaltecos. El 19 de febrero de 1897 fue declarado ganador como autor a la mejor música, el compositor Rafael Álvarez, y mis versos como la mejor letra. Mi nombre no se supo sino hasta que decidí revelar el profundo misterio 14 años después, justo antes de mi muerte, el 2 de agosto de 1911. Recibí honores y homenajes, pero el mejor de todos es el que escucho cada semana en los patios de las escuelas y colegios, en cada acto conmemorativo, en cada asamblea, en cada día de la independencia de Guatemala. La historia de este país escrita por mi pluma pero dictada por el corazón de millones de guatemaltecos, la que se relata en versos que veneran la paz, la libertad y un nombre inmortal. •