por Juan Carlos Escobedo
El 7 de enero se cumplen 20 años del fallecimiento de uno de los escritores fundamentales del siglo XX: el mexicano Juan Rulfo. Nacido en el estado de Jalisco en 1918, Rulfo literalmente cargará el lugar de su nacimiento a cuestas, al igual que los personajes en sus obras. Escritor poco prolífico, Rulfo es de esos raros y extraordinarios casos en las letras de un autor que logra consagrarse con solamente dos libros en su haber: el libro de cuentos El llano en llamas (1953), y la novela Pedro Páramo (1955). Sus obras completas cubren más o menos cuatrocientas páginas, pero su obra es de tal densidad que aún hoy los críticos, profesores, estudiantes, y amantes de la literatura en general, siguen adentrándose en su obra, leyéndola, y claro, disfrutándola.
Pedro Páramo es una novela con múltiples interpretaciones y armada magistralmente. El contenido de la forma es engañosamente simple a primera vista por el uso del lenguaje popular que emplea, simple y llano, propio de los parcos campesinos de Jalisco. Rulfo sin embargo recurre al uso de las técnicas narrativas más modernas y audaces del siglo XX.
Él nos introduce a un laberinto. Ya dentro, el autor desaparece y nos vemos obligados a seguir en ese laberinto sin su ayuda. A veces el escritor nos habla (o se silencia) y como el protagonista Juan Preciado, tenemos que caminar a tientas entre fantasmas, murmullos y culpas por las oscuras calles de Comala.
El contenido lo emparienta con otros grandes escritores latinoamericanos (Asturias, por ejemplo) en que la universalidad del escritor se logró por el profundo arraigo que tenía con su realidad local. Cuando el campesino jalisciense Juan Preciado, hijo ilegítimo del cacique Pedro Páramo, regresa a Comala, el Edén Perdido, para reclamar sus derechos, éste encuentra que el paraíso ya no era tal. Esa búsqueda del padre (Ulises) se convierte en un deambular por el Infierno (Dante) en donde todos los personajes que hablan están muertos, incluyendo nuestro protagonista/narrador, Juan Preciado, quien nos ha estado narrando la novela desde su tumba. Una novela de muertos para los vivos.•
El introvertido Juan Rulfo fue, además de escritor prodigio,
un fotógrafo sensitivo. Evitaba tanto a los periodistas como a
sus admiradores. A pesar de que siempre huía de las cámaras,
en 1969 se dejó retratar por la lente de la gran fotógrafa
argentina Sara Facio, en la casa del escritor Pablo Neruda.
(Imágenes extraídas de Foto de escritor 1963/1973 de
Sara Facio. Editorial La Azotea/www.laazotea.com.ar)