por Guillermo Monsanto
Hace treinta años, la madrugada del cuatro de febrero, gran parte del territorio guatemalteco quedó en escombros. El terremoto de 1976 se sumaba a otros devastadores movimientos telúricos que, siglo tras siglo, han modificado la faceta del país. Pintorescas comunidades se trasformaron estéticamente –las que no desaparecieron en su totalidad– en típicas favelas de países en vías de desarrollo. La infraestructura de Guatemala desapareció para vestirse con una cara menos poética, más realista y, por ende, propensa a ser golpeada fácilmente por la naturaleza.
En 1976 apenas habían trascurrido 59 años de otros dos movimientos sísmicos de consideración. Uno en diciembre 25 de 1917 más su réplica (enero 6 de 1918). Otros 203 años, del que motivara la traslación de la ciudad capital al Valle de la Ermita. Esto sin contar terremotos locales como el acaecido en 1942 o los de Quetzaltenango (1902), Santa Rosa (1913), Cuilapa (1919), Quiché (1959 y 1985) y Pochuta (1991), entre otros temblores.
Tres décadas atrás, para regresar al 76, fallecieron según las cifras oficiales, más de veintidós mil ciudadanos. En el presente, sin embargo, toda la experiencia se reduce a fechas, anécdotas y estadísticas. La conciencia práctica para mitigar efectos post-terremoto, que ya han tomado otros países industrializados como Japón, pareciera ausentes de la realidad nacional. En otras palabras, no existe la prevención. Y es que no importa si entidades humanitarias, gubernamentales o no, están preparadas para un desastre natural. Es la población, la más importante instancia de todas, la que no lo está. Es por ello que, en cada nuevo evento natural, mueren tantas personas. El cronómetro está caminando, la pregunta es si el lector ya tomó las previsiones correspondientes. Los registros del luctuoso aniversario sientan precedentes factibles de estudio. Internet, los bomberos y Conred, son buenas alternativas para consultas. •
Terremoto de 1976, San Martín Jilotepeque, Chimaltenango (Cortesía de
Colección Samuel Bonis/Fototeca Guatemala, Cirma)